Un dicho popular es este… “después de la tormenta llega la calma”; y es que la Navidad para muchos es como si llegara una tormenta; porque ha tenido que, hacer compras para toda la familia, para los amigos y otros; quizás también ha recibido visitantes que llegan para celebrar en familia; ha tenido que correr con las comidas, asistir al servicio en la Iglesia, y experimentado los posibles “dolores de cabeza” porque los niños están en vacaciones… etc. Pero por sobre todas estas cosas está el “delicioso sabor que deja la celebración” … pues es al final “un tiempo de alegría y gozo, de compartir, al dar y recibir. De alegrarse por la celebración del nacimiento de Jesús… pero luego todo esto termina y yal vez sientes un poco tristeza después de la emoción de estos días. Después de toda la preparación, la familia, los amigos, las reuniones y los regalos… y de repente “la Navidad ha terminado”. Muchos quisieran, a pesar de la cantidad de esfuerzo y dedicación, que esta temporada no termine…
Por eso hoy les tengo una gran noticia… No dejes de celebrar porque “la razón de la celebración” Jesús… ¡vive!, y quiere ser parte de tu vida todos los días. De ti depende convertir el tiempo que hay hasta la próxima Navidad en una temporada de alegría, amor, compartir, vivir plenamente y ser feliz… no un día, sino todos los días.
Que esta sea la gran noticia que atesoras en tu corazón… El Señor está contigo hoy y lo estará todos los días.
Ora así, “Señor Jesús, ayúdame a despertar cada mañana con la gozosa expectativa de saber que estás vivo en mí y que eres mi razón de alegría y fortaleza”.
Versículo: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre”. Hebreos 13:8 (NVI)

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